MATEO MARTINIC: El verdadero Chile está en Magallanes Domingo, Diciembre 31, 2006
El Mercurio de Santiago
Domingo 31 de diciembre de 2006
MATEO MARTINIC. Premio Bicentenario: El verdadero Chile está en Magallanes
Magaly Arenas Zapata
"En muchos aspectos Chile termina en Puerto Montt y el resto no existe. ¡Y ese resto, Dios mío, es un tercio de Chile!" Foto:El Mercurio
Como el gigante Anteo, Martinic se apega a su tierra magallánica, pero no la quiere en exclusiva, la quiere compartir, y así lo ha hecho al generar casi 500 publicaciones sobre la región austral. Su labor recibió un nuevo reconocimiento al obtener el Premio Bicentenario 2006.
Magaly Arenas Zapata
Habla con perfección, pronuncia las eses y tiene una voz profunda; es una mezcla entre caballero antiguo y locutor radial. A ratos incluso es florido para hablar y la poesía le brota inevitablemente. Una persona de bajo perfil, discreto, pero un monstruo a la hora de publicar y estudiar su Magallanes querido. El amor por su tierra ha sido el leitmotiv de su vida. Ama su geografía, su historia, sus paisajes, su aire, sus habitantes.
Este amor se ha concretado en más de 500 trabajos, incluidos libros, artículos, investigaciones, etc., sobre la región austral. Y su producción -aunque pareciera que ha cubierto todos los temas- no se detiene. En estos días presentará dos obras: la reedición de su "Historia de la Región Magallánica", actualizada al año 2000, y "Los británicos en la Región de Magallanes".
Otro legado de Martinic es que ha impuesto nuevos conceptos como "gobierno regional", expresión tan usada en la actualidad y que él reivindica como algo propio generado mientras fue intendente de Punta Arenas, entre 1964 y 1970. Y luego el concepto de "Magallania", palabra que comenzó a usar y que tiempo después encontró en un texto de su profesor, el salesiano monseñor Pedro Giacomini.
Martinic dicta la cátedra de Historia Regional. Él sueña con que todas las universidades impartan cátedras de historias regionales. Así, porfiadamente, lejos del mundo, Martinic generó su propio nicho. Él es un mentís de que se puede ser exitoso y triunfar estando en la provincia. Así lo corroboran su Premio Nacional de Historia 2000 y el Premio Bicentenario que acaba de recibir.
Su discurso de agradecimiento causó sorpresa al oír sus palabras iniciales: "El verdadero Chile está en Magallanes. No hay por qué asustarse. Chile nació en el Sur y fue bautizado en el Norte. En rigor de justicia, así como América debería llamarse Colombia, en la misma forma Chile debería llamarse Magallania; y Magallanes, Chile. Pues la palabra Chile en aymará significa: donde termina la tierra, y en quechua: donde hace frío. Que todo eso es Magallanes. Magallanes por lo tanto debería ser el verdadero nombre de Chile, y viceversa". Este texto corresponde a su profesor Giacomini, quien encontró en Martinic tierra fértil para sus ideas.
-¿En qué momento tuvo la lucidez de dedicarse a la historia regional que resultó tan visionario cuando nadie se interesaba en las historias locales?
"Efectivamente en aquel tiempo era muy poco lo que se sabía de la historia regional, pero tuve unos grandes maestros, los salesianos; ellos fueron grandes motivadores de sus alumnos".
"Además, como soy conocedor de mi tierra, al revés y al derecho, me di cuenta que era tanto lo que había ocurrido y que se sabía tan poco que decidí meterme a investigar y una cosa me llevó a la otra".
-Usted estudió primero Historia, pero se retiró...
"Cuando egresé del colegio entré a estudiar Historia en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, pero me retiré a los pocos meses. Hubo un triple problema: insatisfacción, derivada de inmadurez; nostalgia por mi tierra; y la situación de mi familia que no era de las mejores. Volví a Magallanes y comencé a trabajar como obrero en las torres de perforación...".
-¿Un historiador trabajando de obrero?
"Claro que sí, pues, junté mi dinero y volví a estudiar Derecho. Pero al tercer año de nuevo tuve esas dudas existenciales y lo dejé. Ya había conocido a la que sería mi esposa y nos casamos".
"Pero algo pasó. Escribí un artículo para rectificar una información que había salido en la prensa en esos días y mis amigos comenzaron a decirme que me estaba farreando. Sus comentarios me quedaron dando vuelta y hablé con mi esposa, quien con mucho tino me dijo: 'si vas a volver te acompaño, pero para que termines lo que dejaste inconcluso'. Así lo hice".
-¿Nunca pensó en quedarse en Santiago y dejar Magallanes?
"¡No, no, nunca! Yo soy como el gigante Anteo de la leyenda griega. Cuando Hércules luchaba con Anteo, para poder vencerlo tenía que despegarlo de la tierra porque en cuanto Anteo pisaba la tierra se pegaba a ella".
Por eso sólo viene a Chile a "calentar los huesos dos veces en el año". Es que en Magallanes, explica, "la fuerza de la tierra nos alimenta espiritualmente".
-Y el paisaje los marca.
"Absolutamente, somos hijos de tierras de horizontes, donde no hay límites para la vista, no hay barreras, al revés, tenemos la mentalidad propia de los pueblos de las estepas. Siempre he tenido claro que no se puede disociar el acontecimiento humano del territorio donde el mismo se desarrolla. Por eso mis libros y mis clases siempre comienzan con geografía".
-Usted que es y que ha estudiado a los magallánicos, ¿cómo definiría al ser magallánico?
"En lo social, el ser magallánico es producto de la inmigración, de Chile, en especial de Chiloé; de Europa, de distintas partes, que se juntan, se funden en el crisol austral".
"Si uno pudiera hacer una suerte de estereotipo -puede que vaya cambiando ahora- pero, en general, la gente es sobria, frugal, trabajadora, con sentido del ahorro, igualitaria. Nosotros no tenemos distinciones sociales, al revés, ha habido una gran permeabilidad social".
"Somos muy querendones de lo nuestro y con razón, porque hemos vivido aislados por fuerza de la geografía. Aquello de ir a Chile o volver de Chile era un concepto real, se estaba lejos de todo. Nos hicimos a nosotros mismos, todo eso genera una autovaloración muy importante. Nos sentimos chilenos con fibra de pioneros, de hacerle frente a todo y salir adelante".
-¿Y un poco quejumbrosos?
"Sí, cuando surge la oportunidad aparece una suerte de reclamo contra aquellos que no nos atienden bien. Piense que el primer contacto aéreo es el año 46 y recién se pudo hablar por teléfono de manera razonable en los años 60; era una situación de abandono. Los gobiernos centrales no se acordaron como debían de Magallanes, en inversiones públicas e infraestructura". Ni rosada ni negra
-Los escritores crearon la Nueva Novela Histórica para reescribir la historia y de paso criticar a los historiadores y las historias oficiales. ¿Qué crítica les haría a los historiadores chilenos?
"No me siento quien para hacerles crítica a los historiadores chilenos, salvo una pequeña apreciación. Desde la periferia austral, veo que los historiadores que se han preocupado del desarrollo de Chile suelen -a fuerza de mirarse del ombligo- olvidarse del sur. Para tantos aspectos Chile termina en Puerto Montt y el resto no existe. ¡Y ese resto, Dios mío, es un tercio de Chile! El lugar por donde nace Chile a la geografía y a la historia, cómo olvidarlo".
-Algunos sostienen que Francisco Coloane tenía una visión más real, más negra de Magallanes, en cambio la suya es más optimista. ¿Qué impresión tiene usted de Coloane?
"Puede ser que como novelista él cargue las tintas en algunas situaciones y enfatice el rol de ciertos personajes. Él tiene derecho a tener su propia visión. Yo, en cambio, tengo que ser -por formación- riguroso en la investigación y en la entrega. Por lo tanto, el producto de un novelista y el de un historiador no son necesariamente comparables".
"Debo reconocer que no tengo una visión negra de la historia, al revés. En mi región hay hechos tristes como suele ocurrir en todo acontecer humano; es el caso de la extinción indígena, pero es una historia estimulante, positiva, de un menos a más, que nos contenta y nos enorgullece".
"Soy un gran admirador de los pioneros y, de hecho, dos de mis libros están dedicados a ellos. Puede ser que la forma en que yo escribo les dé un mayor énfasis a esas vidas, pero no que cargue tintas. Ellos se transformaron en un verdadero paradigma de crecimiento constante. Prefiero esa historia, no rosada, pero más positiva y menos cargada a las tintas negras".